Números

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Hace no mucho había dejado de creer en todo ese enlistado que la sociedad dicta que hay que creer, pocas cosas se mantienen así, a pesar de lo incrédulo que se vuelva el ser humano a causa de una s…

Jorge Miguel Sandoval‘s insight:

     Hace no mucho había dejado de creer en todo ese enlistado que la sociedad dicta que hay que creer, pocas cosas se mantienen así, a pesar de lo incrédulo que se vuelva el ser humano a causa de una supuesta madurez mental o de presumir de una experiencia inigualable. Con todo y lo que la sociedad es y será, la memoria colectiva y los lazos al buen vivir, volví a creer.

 

     Hay un entrelazado de conceptos en la vida de cada persona que lo van formando como ser humano independiente. La capacidad de recordar, su memoria, los deseos: el futuro lleno de sueños… los sueños del pasado que hacen el presente y un presente inexistente.

 

     Dentro de esa telaraña de posibilidades nace la esperanza y la capacidad de asimilar cada golpe de la vida. Muchos se van a la fe pero otros más a la desesperanza. Llegando así a una palabra necesaria para entender el regreso a la vida: incertidumbre. Es el inicio del viaje. La introspección.

     Después de mencionar esos conceptos trazados en el mapa mental de mi vida, es posible ya hablar de mi regreso a creer. Todo se debe a otra palabra atípica en la ciencia exacta como tal, no por sus sinónimos: casualidad (en matemáticas, por ejemplo, es mejor llamarla azar). ¿Por qué usarla en lugar de hablar de destino? Al final decidiré cual de las dos perdurará para siempre, pero por lo pronto me preocuparé por ella.

     Caminaba desesperanzado entre una nube de soledad y encontré tirada una moneda. Eso es normal. Pero es casualidad. El problema es que enfrentaré a continuación al determinismo con el azar ontológico. La moneda ya no importa.

 

     El número 6 lo encontré por casualidad en mi vida. Escuche en la    radio la manera de sacarlo de acuerdo a mi nacimiento, después de que mientras conducía me equivoqué en el botón y sintonicé la AM en lugar de subir el volumen al CD que iba escuchando. Desde entonces me marca y me persigue. Busqué en la numerología y di con que es el inicio del karma; en el 6 se recoge. Seguí buscando. Llegué a la Estrella de David y su simbología. El cielo y el infierno. Hombre y mujer.

 

     Esa tarde fui a casa de mis suegros y vi un libro. Intenté jugar a dar por casualidad con cualquier palabra creyendo que era un diccionario (estaba volteado del lado de las hojas hacia mi, no del lomo.) Normalmente los libros están al revés, pero era el día de las casualidades. Se trataba de una Biblia. Lo abrí en cualquier lado y me encontré con un personaje de un pasaje que por ahora no ocuparé, lo importante es que hallé la palabra Salomón. Seguí buscando y vi que el Sello de Salomón es lo que se conoce como la Estrella de David. Ya no parecía tan casual, pero fue en ese instante en que decidí atrapar todos los conceptos de vida que volaban a mi alrededor y darle sentido.

     Saqué el número de mi esposa: el 8, llegando a este por medio del nombre y fecha de nacimiento también. El 8 es el fin del karma o donde se recoge. Yo sé que en numerología no suceden los eventos a como los expondré, pero trato de dar un sentido al río de esta vida que está dividido en diez mil brazos pero con un sólo cause. Este año es 2008, el número final es 1, pero ¿Qué pasa se al 8 le quito el 2? Insisto, esparte de mi juego. Llego al 6. Mala suerte, buena suerte. Ya no parece que exista tal. Ahora se afirma la palabra destino. Se asoma a este texto e incomoda a la casualidad. La desplaza. Se queda aquí. No se mueve. Quiere ser expuesta.

 

     Tanto el 6 como el 8 vienen de sumas perfectas: 3+3; 4+4. ambos se descomponen en: 2+2+2=6 ó 2+2+2+2=8. Qué decir del 1. Ocho y seis son de equilibrio, de armonía.

 

     Busqué en los Arcanos Mayores. El VI es representado por Los Amantes. El VIII es la fuerza. De ahí todas las interpretaciones posibles. No hay límite y nada es tan obvio. Todo está en un discurso atrás de lo que vemos en la superficie. Hay también variaciones, por ejemplo encontré en un blog que el Tarot de Rider-Waite-Smith cambió el orden original y usa el VIII para La Fuerza y el XI para La Justicia, mientras que el Tarot de Marsella usa el VIII para La Justicia y el XI para la Fuerza.

 

     En numerología el 6 es el número del orden, de la balanza, de la justicia.Entre el 6 y el 8 está el 7. El número de la suerte. Un número divino.

 

     He intentado hasta ahora no ser un repaso de los sitios de cábala, pero es casi imposible. Regresaré a mi experiencia para terminar de decidir si es el destino el que se debe de quedar para siempre en mis pensamientos.

 

     Estuve viendo la serie llamada Taken, en algún momento hablaron de los Números de Fibonacci, dos días antes veía la película italiana “Después de la Medianoche”, cuya trama sucede en la llamada Mole Antonelliana, en Torino, un museo del cine que posee la sucesión de estos números en el lateral de su cúpula. Semanas atrás un amigo me había dado la pauta de esta sucesión al llegar en la charla a los cuadros de van Gogh. El ocho pertenece a esta sucesión. Dentro de los distintos conceptos alrededor de Fibonacci está el llamado Número Áureo, el cual tiene muchas propiedades y que aparece como proporción en figuras geométricas y en la naturaleza misma. Este número de oro inicia 1.618033… lo que me hace pensar de nuevo en mi 6, más los unos a sus lados, nos dan el ocho, luego llegamos al par de 3 que nos dan 6 sumados. Hasta aquí he tratado de darle un sentido a “mis números”, porque puede quedar fácilmente demostrado que hay más números a mi alrededor que no necesariamente tienen una lógica secuencia que determine mi vida. El punto es el cómo llegue a todo esto, los momentos previos y que a la luz han salido algunos resultados que me indican que en este mundo todo puede estar conectado. Que a fin de cuentas existe el micro y el macrocosmos. Que el destino existe y que cómo alguna vez escuche: “Lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo”.

 

    Es quizá un repaso simple, pero anecdótico de lo que está pasando en el entorno, delimitado por las dimensiones que conocemos y olvidado por la velocidad. Si todo tiene un orden y está escrito, me quedaré aquí para leerlo.

 

(México 28 de noviembre 2009. Publicado 28 de noviembre 2010). 

 

Epílogo: Dejé de verla un 23 de abril de 2010 y cambié de religión un 25 de marzo de 2011, ambos en viernes.  Ya no creo en la numerología. Cosas del destino.

@jorgemiguelsand

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