Violines en el Cielo

See on Scoop.itNo es solo una película

¿Cuántas de estas películas están aún del otro lado del mundo sin que la referencia de un Oscar las haga lo suficientemente famosas?  Violines en el Cielo o The Departures  (Ukubirito, Japón 2008),…

Jorge Miguel Sandoval‘s insight:

     ¿Cuántas de estas películas están aún del otro lado del mundo sin que la referencia de un Oscar las haga lo suficientemente famosas?  Violines en el Cielo o The Departures  (Ukubirito, Japón 2008), tiene esa virtud de inicio, virtud que se desarrolla en muchas más, como si se tratara de una ceremonia; como si se tratara del Nokan.

 

     Daigo (Masahiro Motoki), es un violonchelista despedido que busca, obligado por las circunstancias, su pasado dividido en fragmentos dispersos como piedras de río (a pesar de intentar negarlo en pantalla). Personaje carismático, sensible por la naturaleza musical que desde pequeño le fue arraigada, tiene la fortaleza suficiente como para no encerrarse en sus propios sueños al momento de retomar un trabajo.  

 

     Abierto al descubrimiento, Daigo nos lleva desde sus emociones a conocer que la vida y la muerte están divididas por un día en específico al que según nuestras propias espectativas, le huímos o le esperamos. Distintos ejemplos, distintas personas, distintas edades. Todos desfilan frente a los ojos del espectador que poco a poco se convence que Daigo es parte fundamental de un ritual que nos parecería hasta normal en Occidente, pero que en las manos de él se convierte en un Nokan totalmente mágico. Se trata de ayudar a viajar a quienes están en el umbral para llegar al descanso merecido de acuerdo a sus actos mismos, pero sin que se juzgue más allá que lo que sus propias familias nos relatan.

 

     Daigo toca el violonchelo en el cielo, lo toca en su mente, en sus recuerdos, en su esperanza, en las calles donde creció y a las que ha regresado; sobre la montaña y en los campos de las estaciones que lo visitan. Daigo toca el violonchelo apoyado y juzgado por una esposa exagerada, radical de formas y fondos pero de intereses compartidos. Daigo toca el violonchelo y contiene la respiración como para entender el orden del mundo que le está siendo mostrado.

 

     Más allá del eterno problema que es el cambio de títulos y de la diferencia obvia entre los tres mencionados, esta película de un desconocido en Occidente como Tojiro Takita se sostiene con los fundamentos básicos de excelentes actuaciones, narrativa, tratamiento visual y de sonido, a pesar del ritmo aplicado por la escuela de cine japonesa, y que pocas veces pasa tan desapercibido como en esta: la historia de Daigo Kobayashi.

By @jorgemiguelsand

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